El joven guatemalteco que desembarcó en Costa Rica alrededor de 1896 (tenía entonces unos 25 años, ya que había nacido el 5 de julio de 1871) provenía de una acaudalada familia de empresarios, profesionales, políticos e intelectuales. El padre, Máximo, fue un médico y abogado hondureño, con fuertes intereses en la minería y en el comercio al por mayor en Tegucigalpa; en 1857, se mudó a Guatemala, en condición de Ministro Plenipotenciario de su país en esa capital. El traslado precedente ocurrió unos 14 años antes de que se iniciara la reforma liberal guatemalteca, un proceso que fue fundamental para la carrera política de otros dos parientes del autor de El problema.

 

El hermano del escritor por el lado de su padre, Marco Aurelio Soto Martínez (1846-1908), y su primo, Ramón Rosa Soto (1848-1893), ocuparon cargos importantes durante los gobiernos guatemaltecos de Miguel García Granados (1871-1873) y de Justo Rufino Barrios (1873-1885), y ulteriormente, con el apoyo de este último, lideraron la reforma liberal en Honduras entre 1876 y 1883, uno como presidente y el otro como su ideólogo y ministro general. La reorganización administrativa y jurídica del país se aunó con una creciente apertura al capital extranjero, sobre todo al de Estados Unidos, contexto en el cual el mandatario hondureño –dueño ya de una considerable fortuna– fundó, junto con el empresario de Nueva York, Washington S. Valentine, la Rosario Mining Company en diciembre de 1879.

 

El enfrentamiento posterior con Justo Rufino Barrios supuso el fin del gobierno de Soto Martínez: en mayo de 1883, presionado por la presencia de tropas guatemaltecas en la frontera norte, solicitó permiso al Congreso para trasladarse a Estados Unidos por razones de salud; antes de irse, sin embargo, vendió la mayoría de sus bienes. El exilio, primero en San Francisco de California, y luego en París (donde murió), fue el destino del ex-presidente; en contraste, su socio estadounidense, Valentine, tendría un porvenir brillante, ya que se convertiría en el concesionario del ferrocarril interoceánico en 1890, y sería conocido como el "Rey de Honduras" a comienzos del siglo XX.

 

La infancia del autor de El problema fue ajena, sin embargo, a las vicisitudes políticas de su hermano y su primo en Honduras: nacido como hijo póstumo, ya que su progenitor falleció al parecer seis meses antes del parto, el niño creció y se educó en la patria de José Milla y de Enrique Gómez Carrillo. La opción de permanecer en la antigua capital colonial no fue casual, dado el origen de la familia del futuro escritor por el lado materno. La madre era hija de una guatemalteca casada con William Hall, socio de una importante casa comercial (“Hall, Meany & Bennett”) establecida en Guatemala en 1826, y vicecónsul británico en dicha ciudad, donde falleció en 1865.

 

La carrera política e intelectual de Soto Hall, apoyada en el estratégico trasfondo familiar ya expuesto, empezó temprano: en 1890, a los diecinueve años, Rubén Darío le dedicó un soneto en el cual lo calificó de “bohemio humano, pensador divino”, y publicó su primer poemario, titulado Para ellas; además, en 1892, fue designado secretario de la legación de Guatemala en la capital española.26 El joven, que estuvo en Europa durante casi tres años, aprovechó la ocasión para visitar Italia, Inglaterra y Francia –país donde vivió en casa de Soto Martínez, entonces asentado allí–, editar entre 1893-1894 un libro de cuentos (Dijes y bronces) y una novela (El ideal) en Madrid, y un tomo de poesía en París (Poemas y rimas), y conocer a un amplio espectro de políticos y escritores, de Emilio Castelar a William E. Gladstone y de Bartolomé Mitre a Francisco Icaza.

La razón específica por la cual regresó a Centroamérica es desconocida aún, pero en 1896 Soto Hall vivía ya en San José, laboraba en varios periódicos, editaba una revista y empezaba a integrarse al círculo de intelectuales vinculado con el gobierno autoritario de Rafael Iglesias (1894-1902). La estancia en Costa Rica fue vital en varios sentidos: en ese país, conoció a su primera esposa, Julia Bonilla, con quien tuvo un hijo y de la que se divorciaría pocos años después; publicó su novela más célebre; y a fines de 1897, empezó una larga y profunda amistad con Manuel Estrada Cabrera, enviado por Guatemala en misión diplomática a la capital costarricense.

 

El ascenso al Poder Ejecutivo de Estrada Cabrera, en febrero de 1898, fue el inicio de una dictadura que se prolongó por 22 años, y con la cual Soto Hall colaboró decidida y sistemáticamente. El escritor Rafael Arévalo Martínez, en Ecce Pericles, destacó que el “señor Presidente”

 

“…fue sensible siempre al halago de los escritores famosos, a muchos de los cuales, desde los comienzos de su gobierno, pagó espléndidamente. Los discursos patrióticos del 15 de septiembre estaban encomendados a Alberto Mencos, José A. Beteta, Máximo Soto Hall y otros de renombre.”

 

La conversión en un verdadero intelectual orgánico del régimen supuso que el autor de El problema se ocupara de las más diversas tareas: fue agente diplomático en varias ocasiones, diputado al Congreso, editor del periódico El Guatemalteco, escritor de cartillas cívicas, discursos y libros de texto (en 1917, publicó una Biografía de Estrada Cabrera al alcance de los niños) y promotor del “señor Presidente” entre los intelectuales latinoamericanos, a los cuales procuró identificar con su gestión. El caso más exitoso, en este sentido, fue el del bardo limeño José Santos Chocano, a quien, durante una visita a Costa Rica a inicios del siglo XX, Máximo Soto Hall instruyó “en los secretos de su patria”. El poeta peruano se convertiría en un defensor ardiente de la “dictadura ilustrada” de Guatemala.

 

La colaboración con el régimen, aparte de los diversos empleos que le deparó, tuvo otras ventajas que el escritor guatemalteco no vaciló en aprovechar: en su condición de “revisor oficial” de El “Libro Azul” de Guatemala, publicado en 1915, Soto Hall fue definido, en el capítulo sobre los intelectuales, como “...el poeta de los tiempos actuales más conocido en América y España”, al tiempo que su madre era celebrada como una mujer de “...vastos y... profundos conocimientos”. El autor de El problema, no satisfecho con lo anterior, se dedicó dos páginas completas, en las cuales un supuesto discípulo celebraba su vida y su obra literaria. Este texto concluía:

 

“ultimamente ha sido postulado Candidato para la Presidencia de Honduras, y por sus antecedentes de familia y por sus méritos personales es acreedor á tan alto puesto, al que sin duda alguna alcanzará. Ha hecho mucho por su patria y por las letras Hispanoamericanas, y eso es motivo suficiente para que su nombre sea siempre repetido con encomio.”

El problema

$18.95Price

© 2020 Casasola Editores LLC

  • Twitter Social Icon
  • Facebook Social Icon