Carmen Lyra (1887-1949) es el seudónimo de la costarricense Maria Isabel Carvajal Quesada: escritora, pedagoga y política de orientación marxista,una de las figuras más importantes de la literatura temprana de Centro América.

 

Como Lyra indica en el prólogo a la edición de En una silla de ruedas que publicó en 1946, escribió esta novela cuando no cumplía aún los 20 años de edad. En esa temprana juventud la escritora excusa su relato marcado por una profunda influencia romántica, pero aquella inocencia que ella disculpa años después, poco antes de su muerte y luego de haber evolucionado su pensamiento al marxismo, son los aciertos más exquisitos de esta interesante pieza literaria.Originalmente publicada en 1917, En una silla de ruedas tiene la estructura de un oscuro cuento de hadas, copado de hermosos detalles luminosos llenos de una profunda humanidad y amor a su país.

 

Sergio, el personaje de esta novela, nació destinado a un gran futuro, pero la desgracia quiso que un hada maléfica vaciara en él su rencor cuando apenas cumplía sus dos años de edad, enfermándolo con una meningitis que lo dejó paralítico para el resto de su vida, volviéndolo un hermoso príncipe con sus miembros inferiores convertidos en un bloque de marmol negro.

 

De nada sirvieron la predicciones que el médico dijera el día que Sergio vino al mundo, el mismo médico tuvo luego que leer el diagnóstico que le condenara a crecer postrado sobre aquel mueble triste que tan exquisitamente describe Lyra.La familia de Sergio, ejemplo de hermosura y prosperidad propia de aquella burguesía que comenzaba a formarse gracias al café en Costa Rica a finales del siglo XIX, rápido se vio inmersa en la desgracia. Un matrimonio sin amor, entre una mujer-niña y un hombre insensible, provoca la disolución de la pareja y, por lo tanto, de la familia. Juan Pablo, el padre, tiene una querida en una finca del Atlántico; Cinta, la madre, no puede «resistir la tentación» por Rafael Valencia y, por causa de su amor ilícito, finalmente, abandona a sus hijos y se va a Perú.

 

El hogar idílico en donde Sergio se sentía seguro, con su madre y hermanas, con la sirvienta Cándida y Miguel, el viejo extranjero adoptado como jardinero, se dispersó por todo el mundo. Sergio debió deambular entonces de casa en casa hasta que termina en un asilo de inválidos. En el camino conoció a Ana María, una niña huérfana, sirvienta de su rica e hipócrita tía, quién fue su único refugio en los momentos más oscuros de su vida. Con ella mantiene una estrecha amistad, casi un romance, que sin embargo nunca logran concretarse como pareja pese al amor que ambos se tienen.

 

Cuando Ana María sale embarazada de un joven de alcurnia que la engañó, la joven es expulsada de la casa. Sergio escoge entonces volver al asilo, repitiendo la ruta que viviera años antes cuando su madre salió embarazada de su amante y debió dejar el país. Y es que la sexualidad trae siempre la desgracia para Sergio. La misma autora de la novela reconoce de manera crítica que a pesar de ser el causante de las desgracias de Sergio, el sexo en la rígida moral tica decimonónica es retatado de forma superficial En una silla de ruedas, siempre con un aura de pecado, especialemente en las mujeres que conforman el espacio íntimo de la vida de Sergio. Este elemento sin embargo es a nuestro juicio propio de la estructura del cuento de hadas. El viaje del héroe que Sergio deberá sufrir, esta repleto de lecciones morales en donde la virtud deberá imponerse sobre la hipocrecía.

 

Rodeado de aquellos personajes desamparados que componen la periferia de la sociedad costarricense, Sergio encuentra en el amor verdadero, expresados en regalos que tienen para él la vitalidad de amuletos mágicos, la fuerza que lo sostienen toda su travesía.

En una silla de ruedas

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