• Albany Flores Garca

«Distopía»: sexo robótico a la carta


El sexo —escribe Carlo Maria Martino a su correspondente Umberto Eco—, más que una frenética batalla de placer, es el principio del universo y de la vida. Pero esa concepción romántica y vehemente (casi nunca estimada) ha caído al váter: el sexo puede ser solo sexo, placer, satisfacción contra la soledad.

En Recarga, de la colección Distopía: cuentos de ciencia ficción del tercer mundo (Casasola, 2020), Javier Suazo Mejía pone de manifiesto un futuro (ahora presente) sexual condicionado por la tecnología, la robótica y una “inédita” confluencia entre cuerpos humanos y androides. Algo como eso solo había sucedido en la novelas de Huxley, y en algunos clásicos del cine como El hombre bicentenario o El quinto elemento.

Pero en un mundo que habla de liberalismo digital, de la era de la intermediación (Delivery), de capitalismo de plataformas e inteligencia artificial, los cuentos de Suazo hablan de todo ello de una manera tácita, intrínseca.

Kenji Onitsura es un aparente hondureño con nombre japonés que vive en la Tegucigalpa del futuro. En una época en la que todo depende de los enchufes energéticos, Kenji Onitsura es habitante de una ciudad de eremitas tecnológicos que, además, necesita buen sexo.

En la mañana, antes de marcharse al trabajo, recuerda que hace más de tres años que activó su pulsera OneMe21 para ordenar el último modelo de la muñeca inflable S3X-BaBy, y, ¡qué alegría!, ve llegar un repartidor con el paquete que contiene a su nueva mujer inteligente de plástico.

Antes de la copulación, Kenji tiene una conversación con su modelo —al que ha decidido llamar “Aura”—, y ella le explica que, si quiere sexo, debe iniciar cuanto antes el proceso de carga porque su nivel de batería es bajo. Él, decepcionado, decide conectarla al enchufe y se dirige hacia la habitación antes de irse al trabajo.

Piensa que si la deja cargando estará lista cuando vuelva, pero, en la estación, al intentar encender su OneMe21, se da cuenta de que está sin energía, como también deben estarlo el resto de los aparatos de su casa, incluida Aura. Ahora deberá esperar otras jornadas para su ansiado sexo.

El cuento de Mejía presenta un futuro paradójico: el adelanto científico no ha significado felicidad, ni satisfacción. El liberalismo digital, la era de la intermediación y el capitalismo de plataformas se han impuesto por completo, y el amor y la fraternidad se han perdido por completo. Pero queda, antes de convertirse en una detestable actividad vivípara del pasado, el instinto sexual que ha dado origen y prolongación a la especie.





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