• Albany Flores Garca

El evangelio del amor

Hay, en castellano, muy pocos narradores con una obra tan extensa como la de Enrique Gómez Carrillo, un guatemalteco universal cuyo trabajo parece a veces infinito. Publicó miles de textos periodísticos y literarios. En habilidad como cronista, cuando menos en su lengua, solo le igualan algunos nombres como los de Juan Goytisolo, Manuel Chávez Nogales o Rodolfo Walsh.

Además de virtuoso escritor y polemista célebre —sobre todo por su vínculo pasional y fatal con la mítica espía Mata Hari, por su devoción de batirse en duelo con sus adversarios o sus peculiares aficiones—, Gómez Carrillo hizo de su propia vida una pieza literaria: era un personaje de sus propia obra.

En el Evangelio del amor (1922, reedición de Casasola, 2014), una de las novelas más bellas y profundas de cuantas se hayan escrito en Centroamérica o por manos centroamericanas, el autor alcanza su máximo esplendor narrativo exponiendo una dicotomía parcialmente antepuesta a la tradición modernista que él mismo había ayudado a construir.

Con un lenguaje todavía preciosista, un conocimiento fascinante del mundo bizantino y una palpitante capacidad de recreación de ese mundo, Gómez Carrillo introduce al lector en su historia con una verosimilitud que por momentos hace recordar la profundidad salomónica sobre el amor, la vehemencia de Gibrán Khalil y la hondura narrativa, filosófica y temática de Margarite Yourcenar en sus Memorias de Adriano.

Su novela presenta una dicotomía hasta entonces muy poco valorada en el arte y la literatura occidental: la belleza de la fealdad, una estética apenas percibida en obras clásicas como Nuestra señora de París, de Víctor Hugo.

El evangelio del amor cuenta las aventuras de Teófilo, un joven apuesto que, arrepentido de su vida lujuriosa y pecadora, llega a la tierra de Bizancio, donde decide —como un autoflagelo por los errores del pasado— desposar a Eudosia, una mujer sin gracias física a quien, a medida que su relación avanza, va encontrando cada vez más bella.

Esa metáfora, antípoda de la premisa modernista que veía en la belleza física la causa de toda admiración, permite valorar, a partir de un relato nutrido de profunda reflexiones amorosas y espirituales, la belleza del alma.

El evangelio del amor es, quizá, la obra cumbre de Enrique Gómez Carrillo, y una de las novelas más importantes de la historia literaria de Centroamérica.


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