• Ellen Van Damme

El secreto a voces

Prólogo del libro Tierra de narcos, cómo las mafias se apropiaron de Honduras


Óscar Estrada va, en este libro, a donde muchos otros nunca fueron —y tendrán buenas razones para no querer hacerlo—. Su estudio de años hizo posible contarnos la historia del narcotráfico en Honduras, desde la perspectiva de alguien inmerso en el negocio, sustentando la entrevista con documentación de prensa y reportes judiciales.


Esta es una historia real y ahora, una obra de referencia muy necesaria que muestra con mucho detalle cómo los narcos fueron ganando terreno en Honduras, y cómo la supuesta guerra contra las drogas ha provocado que la violencia aumente exponencialmente, ensañándose en los más pobres (países y ciudadanos).


Nos explica cómo las redes transnacionales de narcotráfico solo pueden ser sostenidas con la ayuda de funcionarios estatales, tanto de Honduras como de Estados Unidos, desde los niveles policiales más bajos hasta los más altos.

Desde la década de 1970, se han gastado miles de millones de dólares en la guerra contra las drogas, que en su mayoría tuvo efectos opuestos.


En lugar de reducir los delitos relacionados con las drogas, el tráfico de drogas aumentó, junto con la violencia. Los cárteles han crecido en su poder, tanto cuantitativa como cualitativamente. Muchos narcotraficantes ahora están siendo extraditados y condenados en Estados Unidos.


Por un lado, esto tiene sentido, porque las instituciones judiciales y policiales nacionales se han visto debilitadas por la infiltración de narcotraficantes y sus aliados, por lo que no pueden (o no quieren) atender los casos de narcotráfico, pero resulta además bastante irónico, puesto que es en Estados Unidos, Canadá y Europa donde están los principales consumidores de cocaína.


Básicamente, los narcos están simplemente respondiendo a una cuestión de oferta y demanda en el mercado que, como nos enseña la historia, no es probable que cambie en los próximos siglos. Pensemos, por ejemplo, en la prohibición del alcohol en Estados Unidos en la década de 1920.


Dado que todo tiene lugar en el mercado negro (en un país en donde los negocios legales tienen pocas posibilidades de prosperar) los narcotraficantes están ganando mucho dinero. Por ejemplo, los cárteles mexicanos ganan entre 25 y 40 mil millones de dólares anuales. Repito entonces la pregunta que se ha planteado durante las últimas décadas desde que comenzó la guerra contra las drogas: ¿por qué no legalizar las drogas? ¿Por qué se gasta tanto dinero en investigación y enjuiciamiento y tan poco en prevención? ¿Quién gana en la guerra contra las drogas?


La historia de la mafia hondureña muestra que existe una clara sinergia entre el llamado inframundo y el mundo superior. El inframundo, los narcos, necesitan del poder, conexiones legales y políticas del mundo superior. Y el mundo superior, los políticos y los dueños de las grandes empresas, necesitan el apoyo económico del mundo subterráneo para financiar sus campañas políticas e invertir en sus negocios (legales). En pocas palabras, el inframundo tiene dinero (ilícito) y necesita poder (lícito) para prosperar, el mundo superior necesita dinero para campañas y negocios, y tiene poder para ofrecer. En las leyes del capitalismo, como de la democracia moderna, Honduras queda a merced de las fuerzas más oscuras, basta preguntarse, en la gran distribución internacional del capitalismo, ¿qué forma de acumular capital tiene un país como Honduras?


“Estaba bien relacionado con políticos, militares y empresarios del país, algo que parece ser una condición para crecer en el mundo del narcotráfico” (p. 48).


Esta necesidad de dinero es aún más visible en los niveles inferiores del mundo superior. El aparato militar y policial nacional paga salarios bajos a sus rangos más bajos, que son por lo tanto los más fácilmente sobornables.


Uno podría preguntarse, ¿sería tan fácil corromper a un oficial de policía bien pagado como a un oficial con salario mínimo que ve a él/ella o a su familia sufrir de pobreza a diario? Sin embargo, los funcionarios de rango inferior son en gran medida impotentes, por lo que los narcos necesitan del apoyo de los funcionarios más altos, que están al mando de los rangos inferiores y que tienen conexiones vitales con otros líderes.


Además, no solo están involucrados militares y policías de Honduras, también políticos, familias (ex) presidenciales y personas afiliadas a agencias gubernamentales de Estados Unidos. Según las confesiones del narco, los agentes encubiertos de la DEA han estado jugando en ambos lados, lo que hace que su papel sea bastante cuestionable, ya que parecen tan corrompidos como la policía y los políticos hondureños.


“Con la esperanza de ganar millones de dólares para un envío de aproximadamente 3.000 kilogramos de cocaína, Fabio Lobo [hijo del expresidente Porfirio Lobo] se reunió con fuentes confidenciales que actúan bajo la dirección de la DEA, y acordó proporcionar apoyo militar y “logístico” a estos presuntos narcotraficantes, facilitó la presentación de al menos dos oficiales militares hondureños” (p. 72).


De hecho, según nos describe Estrada en este libro, la mayoría de familiares de (ex) presidentes, como el hijo de Lobo o el hermano de Zelaya mencionados por el entrevistado «Pablo», utilizan el estatus presidencial, la influencia y las conexiones para facilitar el tráfico de drogas a cambio de fuertes sumas de dinero.

Estrada también muestra que el llamado ‘omertà’, o código de silencio, es tan vulnerable dentro de la red de narcotraficantes como dentro de la mafia. La mafia, por ejemplo la mafia italiana que creó el omertà, y los narcotraficantes muestran varias similitudes: redes estructuradas en torno a lazos familiares, conexiones entre el mundo inferior y el mundo superior, una jerarquía patriarcal que se centra en hombres específicos e incrustada en un supuesto código de conducta, silencio, u omertà, supuesta, de hecho, porque la traición está a la vuelta de la esquina, cuando un narco puede encontrar mejores negociaciones en otro lugar, incluso si eso significa colaborar con alguien que previamente intentó matarle.


“[…] todos estaban mezclados con todos, pero a la hora de la hora, ya nadie estaba con nadie” (p. 87).


Una cosa que todavía permanece ausente, es el papel de la mujer. Como confirma el título del libro de la periodista Anabel Hernández, Los Señores del Narco, la historia de los narcos –tanto como otros grupos de crimen organizado transnacional, entre ellos la mafia y las maras– repetidamente es contada desde el punto de vista del hombre. Entonces, ¿qué pasará con las mujeres? Se las mencionan a menudo como parejas de los narco-señores, por quienes los señores se pelean entre ellos. O las mujeres y chicas están mencionadas como víctimas secundarias de prácticas ilícitas de sus narco esposos o padres. Su historia, a lo largo de este libro, se queda en la sombra.


Tierra de Narcos muestra que el mundo del narcotraficante es un mundo en lo cual todos están vinculados a todos de alguna u otra manera. Aunque Estrada menciona muchos nombres, al final se trata de una red que se puede reducir a un número relativamente pequeño de personas que trafica y tiene contactos sobre un área grande, que no se limita a las fronteras. Y es, esta pequeña cantidad de gente, que gobierna Honduras.


Dra. Ellen Van Damme

PhD Criminología, Universidad de Leuven, Belgica

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