• Kalton Brühl

"La era pre Schumann", de Fabricio Estrada

Los poetas de Honduras ahora se saltan o cruzan a nado fácilmente la frontera entre la poesía y la narrativa. Hace algunas décadas era menos común verlos migrar al territorio de la novela y el cuento. De hecho, hasta comienzos del siglo XXI, los ejemplos de esa migración podían contarse con una mano y sobraban dedos.

No incluimos en ese pequeño grupo a los poetas que ocasionalmente jugueteaban con la narrativa, como lo hizo Juan Ramón Molina al escribir “El Chele”, ni a José Adán Castelar, quien de vez en cuando publicaba un cuento en las secciones literarias que dirigía en los diarios nacionales.

Nos referimos a poetas de toda la vida que de pronto, por varias razones, deciden publicar un libro de cuentos o una novela. Pensamos en Óscar Acosta, el laureado autor del poemario Mi país, quien con la colección de relatos El arca, de 1956, se convirtió en un ejemplo sobresaliente para los cuentistas hondureños del siglo XX.

También se nos ocurre el nombre de José Luis Quesada, que dio a la imprenta El falso duende (1994) después de una fulgurante carrera poética.

En este siglo se ha vuelto más común que los escritores hondureños tradicionalmente dedicados a la poesía se aventuren en la prosa narrativa.

Fabricio Estrada es uno de los autores que, tras más de veinte años de trabajo y la publicación de una abultada obra poética, aparecen sorpresivamente con un libro de narrativa.

Con su libro La era pre Schumann (Casasola, 2021) Estrada entra a buen paso en el territorio narrativo. Los relatos incluidos en este volumen retoman de cierta manera ideas desarrolladas en la poesía del autor nacido en Sabanagrande.

En algunos de los poemas de Estrada era posible detectar ya el desdoblamiento en multitud de personajes que es la herramienta de rigor de los narradores. En su libro de cuentos, Estrada continúa las búsquedas esbozadas en poemas como “En las galeras” y “Ocho AM”, en los que Estrada se convierte en un contable ahogado en las rutinas diarias de la oficina.

En los relatos de La era pre Schumann Estrada logra mimetizarse en personajes proletarios y apropiarse de los ritmos del habla popular en combinación con inesperados giros del habla culta y asombrosas metáforas, como en este pasaje: “El alero te canta mientras te pone un ziper cobrizo en la chira, silba de ladito y te abre el espumoso pan de los ijares”.

Estrada arma en varios de los cuentos de este libro estructuras fragmentadas con las que pretende abarcar el ambiente variopinto de las ciudades hondureñas asoladas por la violencia.

Esos son, creo, los dos grandes logros de La era pre Schumann. En primer lugar, el autor demuestra habilidad para moldear el lenguaje a los tonos y al léxico del habla popular, pero lo eleva con soltura por medio de los recursos del habla culta y del lenguaje poético que lleva practicando durante más de veinte años.

Además, Estrada crea el ambiente de sus cuentos como si lo viera a través de un prisma. De ese modo logra ponernos ante una realidad hecha de múltiples fragmentos que podemos contemplar a la vez, como espectadores privilegiados.

En La era pre Schumann asistimos a un mundo de sueños y pesadillas, en que el lenguaje se vuelve maleable en manos de un artesano que conoce la materia de que están hechas la realidad y las palabras.



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