• Redacción

Prólogo a Verás que no soy perfecta

Después de la publicación de Inocente lengua (2008) y Pétalos de sal (2018), Madeline Mendieta ofrece, en Verás que no soy perfecta (2021), una selección de poemas con una temática que gira alrededor de la experiencia amorosa y de los procesos vitales que se desprenden de esa armonía y conjunción de los cuerpos. El texto también hace espacio para reflexionar sobre las memorias de la infancia y los afectos filiales.

Los poemas de Verás que no soy perfecta están presentados en tres secciones: «Errótica», «Pachas y mamelucos» y «¿Dónde estás, papá?». La primera sección abre con el poema «Abril», en el que la voz poética personifica la primavera y, como tal, el poema toma las connotaciones de un pórtico lleno de flores y mariposas que le dan la entrada al lector para que explore un universo poético, en el que el tiempo deja de ser una camisa de fuerza y la libertad de amar es la premisa que marca el deseo de vivir y multiplicar la vida.

En esta sección, las imágenes eróticas asociadas a la naturaleza condicionan el escenario para que la voz poética exprese con libertad su propia concepción del goce amoroso. Ya sea con elementos llenos de vida como en el poema «Abril» —en el que la amada se ofrece al amado como una estación alegre, con una naturaleza floreciente que invita al amado a habitar infinitamente las diáfanas lagunas de mi pecho— o con poemas con alegorías y simbolismos asociados al acto amoroso, como «Rapto», —en el que la denominación del amado con referencias mitológicas, como Centauro inquieto, potro perverso, crea una atmósfera erótica donde el amado, entre bestia y hombre, llega hasta ella para quedarse nadando en las suculentas aguas / de nuestro lecho— «Errótica» se manifiesta como una reafirmación de la agencia discursiva del cuerpo femenino. Esta reafirmación se da tanto en la apropiación del espacio escénico como en la apropiación del espacio-cuerpo de la amada, quien además de ser portadora de placeres, también posee atributos de poder: Yo, adicta bruja, a tu encanto sonrío. Ella —la voz poética femenina— domina la atmósfera y disfruta de la compañía del amado: Salto, caigo en tu lomo, corremos libres / amantes. A medida que el lector se sumerge en este universo de «Errótica», aparecen poemas que progresivamente muestran un erotismo físico más explícito, como los poemas «Deseo» y «Deliciosa locura», los cuales encarnan los estadios más apasionados en el texto.

En la segunda sección, «De pachas y mamelucos», la experiencia de ser mujer se presenta desde escenas lúdicas en la infancia, hasta la concretización de esos juegos de niñas en poemas de la adultez y de la experiencia materna. Un ejemplo de ello es «Jugando a la mamá». Este poema viaja hasta los primeros años y, con este viaje, reconstruye su condición performática de género a través del recuerdo del juego infantil, donde la voz poética hace referencia a sus nueve años: A los nueve años / es tan simple ser mamá, / juegas con las muñecas, / y nada es imposible. / No hay temores, / no hay dudas equivocarte / ni ser excelente. El regreso a esas memorias de la infancia también implica el despertar a la realidad que enfrenta la mujer al embarcarse en la tarea de ser madre y experimentar el dolor en el cuerpo y, muchas veces, el dolor que implica buscar los recursos económicos para proveer a los hijos en sus necesidades inmediatas. Es así como «Jugando a la mamá» muestra el papel esencial al que las niñas son expuestas y lo contrasta con la cultura de abandono al que se enfrentan muchas mujeres al ser madres.

En la tercera sección, «¿Dónde estás, papá?», sobresalen los poemas de carácter filial. Uno de los temas que se abordan es la figura del padre ausente. Esa ausencia es palpable en el poema «Momento sepia», en el que la distancia entre la voz poética y el padre es latente a lo largo de los versos: Papá / me aploma este frustrado apellido / que cargo cuesta abajo, / mi única tendencia de este olvido. La relación entre el sujeto poético y el padre no es de enfado, si no de frustración por parte de la hija, ya que la única presencia de la figura paterna ha sido en una fotografía. Llevar el apellido del padre, en este caso, no es sinónimo de responsabilidad y de protección, sino de pena: Papá, / me abruma la sepia imagen / cristal distante entre nosotros / enmarcada relación en pose fotográfica.

Finalmente, Verás que no soy perfecta es una invitación a explorar los laberintos poéticos de una autora segura de su labor de poeta y sedienta de expresar la humanidad que lleva dentro. La elegante sensualidad y el erotismo de sus versos no sólo radica en la necesidad inmediata de los cuerpos, sino en el lenguaje y con el lenguaje. La familiaridad con que la autora recrea ambientes y personajes mitológicos hace que el lector sea cómplice de esas historias y de los universos que allí se forman. Verás que no soy perfecta es un texto que reafirma la historia que comenzaron otras poetas latinoamericanas del siglo pasado. En un tiempo donde el cuerpo femenino se ha visto narrado por los hombres, este texto se presenta para revalorar, no sólo los sentidos de la carne, sino también la experiencia maternal y sus afectos vistos a través de los ojos de una mujer.


Yolany Martínez Hyde

Florida State University

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